A pesar de esta hermosa unanimidad mediática, esta avalancha de buenas intenciones, hace falta confesarlo, nos exaspera un poco desde el momento en que nos impide hacer las preguntas correctas por miedo a ser políticamente incorrectos. Y preguntas hay muchas aunque no somos, ni mucho menos, escépticos en cuanto al calentamiento global.
De antemano, sabemos que la discusión entre países desarrollados y países emergentes es muy difícil por el hecho de que los países desarrollados que han creado el problema, (la acumulación de C02 en la atmósfera) no son, ni por asomo, los que crearán los flujos futuros. De hecho, China e India no están dispuestas, por el momento, a imponerse restricciones demasiado fuertes. Las cifras hablan por sí solas: China emite hoy 7.200 millones de toneladas de C02, por delante de los Estados Unidos y acaba de proponer reducir del 40 al 45% sus emisiones de aquí al 2020, o alrededor del 2,5% por año, lo que es cuanto menos modesto. Habida cuenta de su crecimiento previsible (el 8% anual mínimo, si no algo más) significa sencillamente que sus emisiones de gases efecto invernadero (GES) se multiplicarán por dos, como mínimo, de aquí a 2020. Es decir, ¡7 GToneladas de C02 suplementarias por año! El caso de la India es aún más reseñable, puesto que no ha propuesto a día de hoy más que una reducción en sus emisiones del 25% de aquí a 2020, o el 1,5% por año.
Los compromisos voluntarios de Europa (el 20% de sus emisiones representan alrededor de 1 GT anual) no son gran cosa frente a estas enormes cifras, consecuencia del despegue económico extraordinario de China y de la India en los últimos años.
Sin embargo, no pretendemos de ningún modo rendirnos, porque poner en movimiento a los gobiernos y a las poblaciones sobre un tema tan unificador para la humanidad lleva en sí un mensaje de paz y puede, sin duda, llegar a traer resultados milagrosos, pero reconozcamos que el éxito no está garantizado de antemano.
El sentido común obliga, por lo tanto, a no centrarse, mediática y económicamente, sólo en las emisiones de GES, sino a invertir igualmente el tiempo y los medios importantes en estudiar las consecuencias del calentamiento, (que no se reparten de forma homogénea entre los continentes, siendo los países del sur, ya lo sabemos, los más afectados) en encontrar las soluciones técnicas para prevenir las catástrofes naturales (construcción de infraestructuras) y sobre todo en desarrollar las tecnologías que permitan producir el agua potable y el alimento necesario para los futuros nueve mil millones de habitantes.
He aquí los asuntos concretos que no habría que olvidar, lo que no parece por desgracia el caso: no había ningún jefe de estado en la última cumbre del FAO en Roma, igual que en el 13er congreso mundial del agua en Montpellier en noviembre. No podemos tampoco descuidar las otras dimensiones de la conservación del entorno, especialmente la contaminación del agua, de los suelos, la conservación de los sitios, todos ellos con un impacto, a menor o mayor plazo, más importante que las emisiones de GES sobre la calidad de vida de las poblaciones. Eso implica para nosotros ser cuidadosos en la apreciación del coste marginal de reducción de la tonelada de C02 y que objetivemos en primer lugar de modo racional y no emocional, las acciones menos costosas, (captura del metano de las minas y de los vertederos, por ejemplo) e incluso gratuitas, (la “persecución del despilfarro” muy conocido en los años 70/80).
He aquí en pocas palabras nuestra visión de una ecología humanista, racional y reflexionada, una filosofía radicalmente diferente de la "Deep Ecology", movimiento lanzado en los años 70 por el filósofo noruego Arne Næss y que niega al hombre el derecho de utilizar la naturaleza para satisfacer sus necesidades y su supervivencia.
Por eso el resurgimiento de estas corrientes no nos parece de buen augurio. Recubierta en principio, de una aparente bondad, la filosofía política, económica y social favorable a la disminución regular de la producción económica, llamada decrecimiento, es portadora de las peores desviaciones en un mundo de coacciones y de privación de libertad. Si empezamos a hablar de reducción del número de cabezas de vacuno, por ejemplo, nos deslizaríamos sobre un terreno muy resbaladizo pues el principal emisor de C02 y de contaminación es el ser humano, como nos recuerda la ONU en el último informe del UNFPA: menos nacimientos equivalen a menos C02. Este razonamiento podría llevar a la locura a Ted Harrow, el héroe de la novela de Jean-Christophe Rufin, el perfume de Adán, que planeaba atentados maquiavélicos para reducir drásticamente la población humana.
Vemos, pues, que detrás de estas palabras tan utilizadas hoy sobre el entorno y el desarrollo duradero se perfilan concepciones filosóficas relativas al lugar del ser humano en la naturaleza. Estas concepciones pueden ser bastante diferentes y se distinguen por su grado de empatía con respecto a la especie humana.
Como inversores de private equity pensamos que es útil participar en estos debates de fondo y lo haremos de buena gana con aquéllos que lo deseen.
¡Pero volvamos a tierra firme! En Demeter estamos contentos este fin de año, ya que acabamos de cerrar el fondo Demeter 2 en 203 M€. Es decir, por encima de nuestro objetivo de 200 M€. Para nosotros es la prueba de que los inversores institucionales se interesan verdaderamente por el entorno y que nuestra estrategia de inversión, tanto industrial como financiera, se comprende bien. Apreciamos la confianza de nuestros inversores institucionales, desde los más antiguos, (CDC, IFP, Cardif, Robeco, CMCIC,CNP, PREDICA) a los más recientes (FEI, Neotec, Pictor Specialized Fund, un fondo que cuenta entre sus suscriptores a la Familia Halley, Total, GDF Suez, Axa...) y somos plenamente conscientes de nuestras responsabilidades en la utilización de estos fondos y en consecuencia el gran rol que tendremos que jugar en el desarrollo de las filiales industriales, en particular en Francia.
Esperando las conclusiones favorables del COP15, les deseo unas excelentes fiestas de fin de año a todos.
Olivier Dupont
President of the Management Board
