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Editorial




2010: El después de Copenhague, Solvency II

Copenhague ha sido comprendido por todos los europeos como un fracaso. En efecto, la visión europea, demasiado alarmante y culpabilizadora, no ha prevalecido.

Mirando hacia atrás unos meses después, podemos preguntarnos ahora si no habremos caricaturizado la situación en exceso, si nuestros medios de comunicación no han sido demasiado unánimes como para seres creíbles. En una palabra, si lo políticamente correcto no ha sido demasiado invasivo como para ser convincente.
Quizás nos haya faltado sentido común y realismo político. Nos hemos dejado llevar más, sin duda, por las emociones que por la racionalidad científica.
 
Realmente la China, la India y los países emergentes han comprendido bien lo que está en juego y se han comprometido con objetivos ambiciosos de mejora de su eficacia energética. Pero, en un tono pesimista, no han aceptado los objetivos de reducción en valor absoluto de sus emisiones. ¿Hemos sido de verdad suficientemente ingenuos como para pensar que estos países, que acaban de salir de la pobreza, renunciarían, aunque sea sólo sea ligeramente, a su crecimiento? Sus compromisos son forzosamente progresistas y los primeros pasos efectuados en Copenhague son más bien alentadores.
 
Ser conscientes de esta nueva situación (no tan nueva como aquella, por cierto) nos lleva a cuestionarnos algunas cosas importantes:
 
-         Es inútil querer dramatizar o querer jugar en solitario imponiéndose coacciones drásticas que tendrán consecuencias negativas sobre nuestra industria sin esperar un efecto de arrastre para los otros países. Es verdad para Europa y es todavía más verdad para Francia, de la que se espera que saldrá del avispero del impuesto sobre el carbono que está empezando a ser uno de los rompecabezas administrativos del cual conocemos el secreto.
-         Tenemos que concentrar nuestras acciones en los campos que tengan la mejor relación coste/resultado, por ejemplo el tratamiento del metano procedente del sector de la energía y de los desechos. También está claro que, tratándose de la mejora de la eficiencia energética, la batalla se desarrollará principalmente alrededor del desarrollo de las tecnologías innovadoras.
-         Hay pocas probabilidades para lograr evitar un recalentamiento consecuente, aunque tenemos que seguir intentando limitar su crecimiento.  Hace falta, igualmente concentrarse en el análisis de las consecuencias de este recalentamiento y los medios de plantarle cara y de adaptarse. Sabemos, por ejemplo, que eso se traducirá en un aumento de la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos y que nos convendría examinar las posibilidades de adaptar las infraestructuras y los comportamientos en consecuencia. 
-         Hay que intensificar las investigaciones sobre el clima y sus evoluciones. Sabemos que la climatología es una ciencia reciente, (y las polémicas del climategate lo han puesto de nuevo en relieve), que el clima es un sistema extremadamente complejo y también caótico, (véase el efecto mariposa de Edouard Lorenz), y que nuestra ignorancia sobre el tema es todavía enorme. Podemos, al mismo tiempo, reconocer que el carbono de la actividad humana contribuye al recalentamiento del planeta pero admitiendo que no sabemos verdaderamente hasta qué grado y con qué impacto. Dejemos que el debate se desarrolle, pues, entre los científicos y, recordando Galilea, desconfiemos de las unanimidades científicas demasiado fáciles. 
-         Finalmente hay que recordar una vez más que el combate por el medioambiente no se limita a la caza del CO2.
En DEMETER, estamos convencidos en cuanto a la necesidad de desarrollar las energías renovables indispensables, no sólo  para reducir la huella del carbono sino igualmente para desarrollar la independencia energética y preparar el “después del petróleo”.
 
Unas palabras sobre las perspectivas para el 2010 sobre el Private Equity.
 
DEMETER ha sido uno de los raros fondos franceses de Private Equity, (junto con La Compañía financiera Edmond de Rothschild y Sofinnova) que ha levantado más de 200 M€ en Francia en 2009.  Este resultado, halagador para nosotros, es sin embargo, el reflejo de una dificultad de nuestra profesión para encontrar proveedores de fondos.
Muchos colegas esperan levantar nuevos fondos en 2010, junto con inversores institucionales.
 
Por desgracia, además del hecho de que la situación de los LBO no esté realmente saneada, tendrán que afrontar las perspectivas de la puesta en marcha de Solvency II, que oscurece el paisaje. Así es, Solvency II acabará por prohibir a las aseguradoras, principales proveedores de fondos para el Private Equity en Europa, que inviertan en acciones, cotizadas o no.
Después de la normativa de Basilea II, que hizo que las inversiones en el  Private Equity fueran más penalizadoras para los bancos, (¡aunque no en las subprimas!) los inversores institucionales se van a alejar de nuestros dominios. Esta situación, sobre la que volveremos más adelante a causa de sus graves consecuencias, reducirá todavía más los recursos financieros disponibles para nuestros fondos y en consecuencia para las Pymes. Obligará, por lo tanto, a los fondos de Private Equity a diversificar sus fuentes de financiación, (recurriendo sobre todo al ahorro individual) dándoles incluso mayores responsabilidades en la financiación de las Pymes en crecimiento.  
 
Pero de momento toda la energía de nuestro equipo, (22 personas de tres nacionalidades) se centra en la inversión. Un seminario interno de dos días en Andalucía bajo la influencia de la lluvia y de las inundaciones, (¡ay, el cambio climático!) nos ha permitido pulir nuestra estrategia de inversión, especialmente en el solar, la biomasa y el vehículo eléctrico. 
 
Acabamos de invertir en la sociedad española COMARTH, que fabrica vehículos eléctricos utilitarios destinados a las empresas y a los municipios y que abrirá pronto una fábrica en Francia.
 
Otras inversiones están en su fase final, les mantendremos informados.
 
Hasta pronto
 
Olivier Dupont
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